Órganos
Una página por comisión o grupo de trabajo: qué hace, de quién depende, quién la forma y todo lo que ha acordado, sesión a sesión.
La documentación del Área Clínica del Medicamento, leída, ordenada y enlazada por una IA. Y en el bolsillo.



Recreación de la app con documentos, comisiones y fechas inventados: el contenido real no sale de la wiki.
En el Área Clínica del Medicamento vivimos rodeados de documentos: actas de comisiones, resoluciones, instrucciones, circulares, guías, informes, avisos oficiales. Llegan por el correo, se publican en webs oficiales, se reparten en una reunión.
Y cada uno acaba en su sitio. O en ninguno. Una carpeta por aquí, un correo por allá, un PDF descargado que nadie vuelve a abrir.
El problema no era tener pocos documentos. Era que estaban sueltos. Las preguntas de verdad casi nunca se responden con un solo papel: ¿qué se acordó sobre este tema, cuándo, y en qué punto está hoy? Para contestar eso había que buscar, abrir y leer varios documentos de distintas fechas, y juntar las piezas a mano.
Y luego estaba la reunión. Justo cuando necesitas ese antecedente, estás en una sala donde no hay cobertura.
La IA no busca en los documentos cada vez que pregunto. Los lee una vez y deja escrito lo que importa, ordenado y enlazado.
La idea es de Andrej Karpathy, uno de los investigadores de IA más conocidos del mundo. Él propone que la IA mantenga una wiki: un conjunto de páginas enlazadas entre sí, como una pequeña Wikipedia privada. Cada documento nuevo no se queda en una carpeta: se lee, se resume y se reparte por todas las páginas a las que afecta.
Así, el conocimiento se acumula. La página de una comisión ya tiene su historia. El seguimiento de un acuerdo ya está escrito, con sus fechas. No hay que reconstruirlo cada vez.
«Yo elijo qué entra y hago las preguntas. La IA escribe, resume, enlaza y archiva.»
Una carpeta donde dejo los documentos tal cual llegan, con el nombre que traigan. Es lo único que toco.
Páginas escritas por la IA y enlazadas entre sí: comisiones, acuerdos, documentos, conceptos. Cada una sabe de dónde sale lo que dice.
Sobre todo en el iPad, a veces en el iPhone, y también en el ordenador. Con los documentos originales dentro, y sin necesidad de conexión.
Qué pasa desde que llega un documento hasta que lo consulto en el móvil. Por un lado, lo que dejo yo. Por otro, lo que traen los vigilantes.
Lo dejo en el buzón, sin renombrarlo ni clasificarlo.
Cada lunes revisan cinco webs y bajan al buzón lo que sea nuevo.
Cuatro veces al día, los laborables, la IA mira si hay algo.
Qué es, quién lo firma, de qué fecha, qué acuerda y a qué temas afecta.
Una sola fuente puede tocar diez o quince páginas.
El original se archiva con un nombre ordenado y se rehace la app.
Busco, sigo un acuerdo o abro el documento original. Aunque no haya cobertura.
La wiki se organiza en seis tipos de página. Cada documento acaba repartido entre varias, y todas se enlazan entre sí.
Una página por comisión o grupo de trabajo: qué hace, de quién depende, quién la forma y todo lo que ha acordado, sesión a sesión.
La pieza que más uso. Un tema o un acuerdo seguido a lo largo del tiempo: qué se decidió en cada reunión y en qué estado está hoy.
La ficha de cada documento: resumen, acuerdos, frases literales importantes y un botón para abrir el original.
Todo lo que aparece en los documentos y merece ficha propia, con enlaces a cada sitio donde se nombra.
Procedimientos, definiciones y marcos que conviene tener explicados una sola vez, bien.
Comparativas y resúmenes que cruzan varios documentos. Si una respuesta de la IA vale la pena, se guarda aquí.
Entro por su hilo y veo la historia entera, con cada paso enlazado a su acta.
Por número, por tema, por comisión o por fecha. En segundos, y con el original a un toque.
La página de la comisión me da quién está, qué hace y qué quedó pendiente la última vez.
Y si le pregunto algo a la IA, responde citando las páginas y los documentos de donde sale cada dato. Sin cita, no vale.
Lo que se publica en una web oficial no debería depender de que yo me acuerde de mirarla.
Hay documentos que no llegan por correo: se cuelgan en la web de un organismo y ahí se quedan. Desde julio, cinco vigilantes revisan cada lunes cinco de esas webs oficiales, sin que yo entre en ninguna.
Abre la página donde el organismo publica sus documentos y hace la lista de lo que hay.
Cada vigilante guarda un inventario de lo que ya conoce. Un documento nuevo, o una versión nueva de uno viejo, es una novedad.
Descarga la novedad al buzón y comprueba que el archivo ha llegado entero y es lo que dice ser.
El vigilante solo trae. Lo que baja entra por el buzón, como todo lo demás, y pasa por el mismo proceso.
Apunta la fecha de su ronda y lo que ha encontrado. También cuando no ha encontrado nada.
Si una ronda no se puede hacer, me llega un aviso al móvil. Nada falla en silencio.
La wiki se consulta con una app que uso sobre todo en el iPad, y a veces en el iPhone o en el ordenador. Lleva dentro todas las páginas y todos los documentos originales, así que funciona sin conexión.





Recreaciones con contenido inventado.
Una web que se instala como si fuera una app. No pasa por ninguna tienda de aplicaciones: se abre una vez en el navegador, se añade a la pantalla de inicio y desde entonces tiene su icono y se abre a pantalla completa.
La primera vez guarda todo en el propio móvil, documentos incluidos. Por eso después funciona en modo avión. Cuando la wiki cambia, basta con abrirla con conexión para que se ponga al día.
Espera a que la app diga que está lista para usarse sin conexión. Solo la primera vez.
El nombre exacto de la opción cambia un poco según la versión del teléfono.
Funciona sin cobertura y sin wifi. En una sala sin señal, el acta de hace un año sigue a un toque.
Con un botón «Volver» para regresar a la página. En una app a pantalla completa no hay barra del navegador, y sin él te quedabas atrapado.
La app solo se abre dentro de una red privada que une mis dispositivos. La wiki no se publica en ninguna web: hay documentos que no deben salir de donde están.
Además, cada vez que la wiki cambia se deja una copia en la carpeta compartida del Servicio. Se abre con doble clic en cualquier ordenador del hospital, sin instalar nada, para que la consulte el equipo.
Todo arranca con el reloj del ordenador. No tengo que abrir nada ni acordarme de nada.
Si hay documentos, la IA los procesa todos y rehace la app.
Las cinco webs, una detrás de otra. Lo nuevo baja al buzón y entra en la siguiente pasada.
Lo que dejo a media mañana no espera al día siguiente.
Antes de acabar la jornada, la wiki queda al día.
Tres o cuatro líneas: qué ha entrado y qué páginas se han tocado.
Como nosotros.
buzón. Es lo único que toco: dejo el documento, y leerlo, resumirlo, enlazarlo y archivarlo es trabajo de la IA.
Cifras de cómo funciona, no de lo que contiene: eso se queda dentro.
Los primeros documentos y el manual que dice cómo se lee, se resume y se enlaza cada uno. Empieza con otra herramienta de IA (Claude Cowork).
De los documentos de farmacia a los de todas las comisiones y direcciones de las que depende nuestro trabajo. Ese mismo día, la primera versión de la app.
Buscador rápido, modo oscuro, cronología de acuerdos y, en cada página, la lista de páginas que la mencionan.
Cinco webs oficiales, revisadas cada semana.
Clowe, la IA que me acompaña, toma el relevo de todas las tareas programadas de la wiki.
Todo pasa a arrancar con el reloj del ordenador. Funciona aunque yo no esté.
También hojas de cálculo y presentaciones. Y los documentos escaneados se señalan para leerlos como imagen, en vez de pasar sin leer.
La clasificación inicial pasa al modelo grande que funciona en mis máquinas.
Que la IA busque en los documentos cada vez que preguntas funciona, pero no acumula nada. Que los lea una vez y lo deje escrito hace que cada documento nuevo sume a lo anterior.
Mi trabajo es decidir qué entra y hacer buenas preguntas. Escribir, resumir y enlazar lo hace ella, sin cansarse y siempre con el mismo método.
Una vez, un vigilante hizo su ronda y no apuntó nada. Parecía que no había pasado. Se comprobó a mano y no se había perdido nada, pero desde entonces cada ronda deja constancia, también cuando no encuentra nada nuevo.
Llegan documentos distintos con exactamente el mismo nombre. La IA aprendió a identificarlos por su número interno, que sí es único, y no por cómo se llama el archivo.
La misma cosa escrita con tilde o sin ella acababa en dos fichas, y la buena quedaba escondida. Ahora la IA comprueba si ya existe antes de crear nada.