Teje mi cerebro digital
Cada noche, las notas que he escrito quedan unidas a las personas, empresas y lugares de los que hablan.
IAs pequeñas, entrenadas en casa para una sola tarea, con mis propios ejemplos y mis propias correcciones.
Datos reales (24 y 25 sep 2026): examen fijo de 200 casos respondidos por mí que el modelo nunca vio al entrenar. La versión sin entrenar se midió aparte.
Detrás de ChatGPT o de Claude hay un modelo LLM: el tipo de IA que ha aprendido de enormes cantidades de texto y que por eso sabe escribir, resumir o conversar. Es su «cerebro».
Los grandes modelos LLM lo saben hacer casi todo. Pero muchas de mis tareas son una sola decisión que se repite miles de veces: ¿este nombre es una persona de mi agenda?, ¿esta nota va en este tema o en otro?
Un modelo pequeño, entrenado para una tarea concreta, puede igualar e incluso superar a los grandes en esa tarea.
Y lo hace en local: en mis propios ordenadores, sin que mis notas salgan de mis máquinas.
«Agentes pequeños que podamos entrenar para tareas específicas y que se conviertan en superespecialistas.»
No se trata de cuál es mejor. Se trata de cuál hace falta para esta tarea.
Escribe, razona, resume y conversa. Un gran modelo abierto puede tener 284.000 millones de parámetros: las piezas ajustables que guardan lo que ha aprendido.
«¿Este nombre es esta persona?» Sí o no, y con qué seguridad.
El mío tiene 322 millones de parámetros: casi 900 veces menos. No escribe ni conversa. Solo decide, y lo hace en menos de una décima de segundo.
No lo invento desde cero. Parto de un modelo pequeño y abierto, pensado para tomar decisiones y no para escribir.
Tal como viene, acierta muy poco en mi tarea. Mis respuestas lo convierten en un especialista.
Ocupa 650 megas, menos que una película, y funciona en un ordenador normal.
En mi cerebro digital, cada persona, empresa o lugar importante tiene su ficha. Cuando escribo en mi diario «hoy he comido con Ana», lo ideal es que ese «Ana» sea un enlace a su ficha. Así, al abrir la ficha, veo todas las veces que he hablado de ella.
Con más de once mil notas, poner cada enlace a mano no es realista. Eso es lo que hace el Enlazador.
Cada noche, las notas que he escrito quedan unidas a las personas, empresas y lugares de los que hablan.
Solo añade el enlace. El texto que se ve queda idéntico, palabra por palabra.
Si no está seguro, no enlaza: me lo apunta en un informe corto que reviso por la mañana.
Trabaja desde el 25 de septiembre, a las cinco de la mañana, dentro de mis tareas nocturnas.
No todo nombre es alguien de mi agenda. Si la frase no encaja con la ficha, lo descarta.
Decide en uno de mis ordenadores. Mis notas no salen de casa para esto.
El modelo pequeño es la pieza que decide. Delante y detrás hay programas sencillos que hacen lo mecánico.
Se toman las notas nuevas o cambiadas desde la noche anterior.
Un buscador encuentra los nombres que podrían tener ficha y propone a quién podrían referirse.
El modelo pequeño mira la frase y la ficha y dice sí o no, con su grado de seguridad.
Si está seguro, un programa añade el enlace sin cambiar nada más.
Lo que no está claro me llega en el informe. El resto, ni lo veo.
Antes de dejarle tocar mis notas, hay que saber cuánto acierta. Y para eso hace falta un examen con la respuesta buena ya conocida. La puse yo.
Casos reales de mis notas. En cada uno respondí yo: ¿se enlaza o no?, ¿a quién?
Un examen fijo que el modelo no ve nunca durante el entrenamiento.
Con mis respuestas y miles de ejemplos seguros, en un ordenador de IA de sobremesa, en menos de una hora.
Cada versión nueva, en el mismo examen que la anterior.
Entonces empieza a trabajar, y sus dudas me siguen llegando a mí.
Un examen fácil te dice lo que quieres oír. Uno difícil te dice la verdad.
El primer examen se hizo solo con los enlaces que ya existían en mis notas. Eran casos fáciles, y daba casi un 99 %. Cuando lo examiné con casos que respondí yo uno a uno, la cifra real fue del 80 %. Desde entonces, se examina siempre con casos reales y difíciles.
En el examen de 200 casos que nunca vio, cuando el modelo se decide a enlazar solo, acierta el 95 % de las veces.
Sumando lo que decide solo y lo que me pasa a revisión, resuelve bien el 88 % de los casos.
En un piloto con tres semanas de mi diario que no conocía, lo que el Enlazador decidió solo fue correcto en 68 casos de 68.
El modelo ya no es el límite. Lo próximo es afinar el buscador que le propone los candidatos.
Cada versión nueva pasa el mismo examen. Así sé, con números, si mejora o no.
Así es una noche normal, mientras duermo.
Sale su tarjeta en el tablero de tareas nocturnas.
Revisa lo que he escrito o cambiado durante el día.
Personas, empresas y lugares que tienen ficha y todavía no están enlazados.
Los que tiene claros, sin cambiar una sola palabra del texto.
Lo que no tiene claro me espera en un informe corto, para que decida yo.
Enlaces que puso solo en una noche, en su primera pasada por notas muy antiguas que nunca se habían revisado.
Decido que mis ordenadores de IA de sobremesa se dediquen, sobre todo, a entrenar modelos pequeños propios.
Pido superespecialistas y elegimos el primero: el Enlazador.
Respondo las tarjetas del examen, se prueba en tres semanas de diario y se escriben los primeros 592 enlaces validados. Esa noche se entrena el modelo pequeño.
Versión definitiva, se instala en su ordenador y hace su primera pasada real.
A su hora, dentro de mis tareas nocturnas.
Las clasificaciones de fuera no te dicen qué te sirve. Tu examen, con tus casos difíciles, sí.
Para una tarea concreta, importa acertar, no el tamaño. Y lo pequeño cabe en casa.
El modelo es abierto y lo tiene cualquiera. Lo que lo convierte en especialista son mis respuestas.
El especialista decide lo que tiene claro y me deja lo demás en un informe que se lee con el café.