Notas con plantilla
Cada tipo de nota tiene su formato escrito: qué datos lleva y dónde va.
Para qué me sirve: que nada se desordene, aunque escriban en él varias IAs.
Todo lo que vivo, decido y aprendo, en un solo sitio, conectado y con una IA que responde diciendo de dónde sale.
Ilustración: la pregunta y las notas citadas son un ejemplo.
En 2022 decidí escribir mi vida, cada día, en un solo sitio. Lo he contado muchas veces en mi blog, y el motivo de fondo siempre es el mismo: mi hijo.
«…por dejarle un legado de conocimiento a mi hijo (modelos mentales, por qué decido las cosas que decido, que he vivido, que me ha gustado, que no, y muchas cosas más, incluso que viera su vida a través de mis ojos) para que con una IA pudiera, en un futuro lejano, pedir consejo a su padre, cuando yo ya no esté, y que esta responda de la forma más parecida a como lo haría yo.»
Este verano lo dejé en una sola frase:
«No me preocupa mucho qué le voy a dejar, con la única salvedad del ente cognitivo basado en inteligencia artificial, que le pueda ayudar cuando yo ya no esté, que es el origen de todo.»
El segundo porqué es tener mi vida bajo control, entera y en un solo sitio. En mi cerebro digital conviven mis tareas y proyectos, mis reuniones y acuerdos, mi diario, mis modelos mentales y lo que me gusta y lo que no, «porque como yo, mi cerebro digital es holístico». Cuando lo cambié durante tres meses por otra herramienta, volví «cansado y harto de haber perdido el control holístico sobre mi vida» (No sin mi cerebro digital, no sin mi Obsidian, febrero de 2024).
Y por el camino apareció un tercero que no esperaba:
«Pero lo que no me daba cuenta es que, a la par, estaba construyendo la mayor herramienta de autoconocimiento y de gestión personal que se puede construir.»
El reto era doble. Que todo lo mío viviera junto, ordenado y en un sitio que fuera mío. Y que, cuando llegara la IA, pudiera preguntarle a ese sitio como se le pregunta a una persona, con una condición: que me diga siempre de dónde saca cada dato.
«Una IA sin tu contexto es una enciclopedia con buenos modales. Una IA con tu contexto empieza a parecerse a alguien que te conoce.»
La idea es sencilla. Escribo cada día en Obsidian, una aplicación de notas que funciona en local: mis notas son archivos de texto en mi propio ordenador, no en la nube de una empresa. Los puedo abrir con cualquier programa, y los podré leer dentro de diez años aunque la aplicación desaparezca. Encima, una IA que lo lee todo y me responde.
«Es lo primero que tuve que elegir cuando decidí desarrollar mi cerebro digital. Opté por lo local, una decisión de la que no me arrepiento. Aunque existen otras opciones en la red más vistosas y llenas de funcionalidades, mis notas son mías, y tenerlas disponibles en cualquier momento o lugar, no tiene precio.»
Mi diario, mis reuniones, mis proyectos, las personas con las que trabajo, lo que leo y lo que decido, y por qué lo decido.
Cada persona, empresa o lugar tiene su ficha, y cada nota que la menciona apunta a ella.
Pregunto con mis palabras y la respuesta llega diciendo de qué nota o de qué día sale.
Mis notas son archivos en mi ordenador. No dependen de la nube de ninguna empresa, ni de que esa empresa siga existiendo.
Una reunión siempre se escribe igual, una persona también. Así lo escriba yo o lo escriba una IA, todo encaja.
El índice y las búsquedas también funcionan en mis ordenadores, no en un servicio de fuera.
Más de 11.000 notas, y ninguna es un cajón de sastre: cada una tiene un tipo, y cada tipo tiene su plantilla escrita. Estos son los que más pesan.
Hay 31 tipos con su plantilla. Algunos de ellos:
Lo que tengo hoy, y para qué me sirve cada cosa.
Cada tipo de nota tiene su formato escrito: qué datos lleva y dónde va.
Para qué me sirve: que nada se desordene, aunque escriban en él varias IAs.
Desde junio de 2022, con resúmenes por semanas y por meses.
Para qué me sirve: recordar lo vivido y ver cómo he cambiado.
Más de 68.000 enlaces unen unas notas con otras: personas, empresas, lugares, proyectos.
Para qué me sirve: desde una persona, ver cada reunión y cada acuerdo con ella.
Encuentra lo que busco aunque no recuerde las palabras exactas.
Para qué me sirve: dar con algo que escribí hace años, de otra manera.
Cuando la pregunta es de ordenar o contar, no adivina: ordena los datos de mis fichas.
Para qué me sirve: responder bien preguntas como «¿cuál es mi segundo restaurante japonés favorito?».
Solo afirma lo que está en mis notas, con cita. Si no hay datos, lo dice.
Para qué me sirve: poder fiarme, y comprobarlo en un clic.
Si una respuesta falla, lo marco. La corrección se aplica al momento y me deja una nota para arreglar el origen.
Para qué me sirve: que cada error haga el sistema un poco mejor.
Una app, El Eco, para preguntar desde el móvil o el iPad. También desde dentro de Obsidian, y mis asistentes de IA lo consultan antes de aconsejarme.
Para qué me sirve: preguntarle a mi propia vida. «¿Cuándo, dónde, con quién y qué estuve comiendo en la costa portuguesa?». O «¿desde cuándo tengo estos síntomas sin haberme dado cuenta?».
Cada noche se revisan las notas del día y se ponen los enlaces que faltan.
Para qué me sirve: que el orden no dependa de mi fuerza de voluntad.
Mientras duermo, el cerebro digital se pone al día.
Cada madrugada, varios procesos pequeños, cada uno con una sola tarea, repasan lo que escribí el día anterior.
Una IA revisa tildes y erratas de las notas del día, sin cambiar mi manera de escribir.
Otra revisa la gramática. Lo que tiene claro, lo corrige. Lo que le genera dudas, me lo deja en un informe.
Todo lo nuevo se trocea, se cataloga por su sentido y se une al mapa de personas, empresas y lugares.
Un modelo de IA pequeño, entrenado con mis propias notas y correcciones, enlaza personas y empresas que mencioné sin enlazar. Como mucho, 80 notas por noche.
Una copia del índice queda preparada, para que buscar desde el móvil sea casi instantáneo.
Lo que escribí ayer ya se puede encontrar, está enlazado y ha pasado la revisión.
No todas las preguntas se buscan igual. El sistema combina las tres y se queda con lo mejor de cada una.
Para un dato único que sé cómo escribí: un nombre, un número, una frase literal.
Para un tema repartido en muchas notas que no usan las mismas palabras.
Para preguntas de contar, comparar u ordenar, usando los datos de mis fichas.
¿Qué acordamos la última vez sobre el presupuesto de la jornada?
Acordasteis cerrar el programa antes de pedir presupuestos y revisar las cifras a final de mes. Lo tienes en la reunión del 3 de febrero, y lo retomas en tu diario del día 10.
Ejemplos inventados.
¿Y cuánto tarda? Encontrar las notas que encajan con la pregunta es casi instantáneo. Que la IA las lea y me redacte una respuesta con sus citas lleva unos segundos, y algo más si la pregunta pasa por uno de mis agentes.
Qué pasa cuando una respuesta no es correcta.
Desde el móvil, con mis palabras.
La respuesta dice de qué nota sale, y puedo abrirla.
Lo marco. Desde ese momento, la corrección se tiene en cuenta.
La corrección me deja una nota en la bandeja de entrada para corregir el origen.
El índice se rehace desde las notas, y la verdad queda escrita para siempre.
La clave está en el último paso. La respuesta solo queda bien para siempre si la verdad acaba escrita en la nota. Cada corrección, además, me avisa de qué le falta a mi cerebro digital.
Escribiendo cada día en el mismo sitio, desde junio de 2022. Y su valor crece con el tiempo: cuantos más años recoge, más me devuelve.
Mi diario digital permanente, en Obsidian, con mi propósito de vida al principio de cada nota.
Pruebo otra herramienta muy potente y, a final de año, vuelvo a Obsidian.
Publico No sin mi cerebro digital, no sin mi Obsidian en mi blog.
Subo mi diario, en un PDF, a un asistente de IA para poder preguntarle. Lo llamé Pawi.
Le pregunto dónde comí, y cuándo, en un restaurante de la costa portuguesa, y me lo acierta con todo detalle. Lo cuento en Modo maestro activado: en busca de padawan digital.
Clowe, mi IA, nace a finales de enero y en febrero le doy acceso a todo. Desde entonces las IAs leen, escriben y ordenan dentro del cerebro digital, siguiendo sus plantillas.
Cada noche se cataloga todo por su sentido y se dibuja el mapa de personas, empresas y lugares.
Pregunto desde el móvil, con mis palabras, y me responde con la fuente.
Lo vuelvo a contar en mi blog, esta vez con la IA dentro: Todo lo que soy cabe en una carpeta.
Primero mido el estado del cerebro digital. Luego arreglo cerca de mil enlaces rotos, pongo tipo a casi todas las notas y enciendo el enlazado automático de cada noche.
«Si estás pensando en meter la IA en tu trabajo, no empieces por la herramienta. Empieza por ordenar lo que sabes.» Lo escribí en Todo lo que soy cabe en una carpeta.
«…el potencial de autoconocimiento y de memoria de la propia vida es absolutamente abrumador. Y es mayor, cuanto mayor es el tiempo recogido en él.» Lo escribí en Modo maestro activado: en busca de padawan digital.
Cuando cada IA escribía a su manera, el cerebro digital se desordenaba. Las plantillas son lo que permite que escribamos varios en el mismo sitio.
Aunque sea correcta. La cita es lo que permite fiarse, y comprobar.
Corregir la respuesta no basta. Si el dato no se arregla en la nota, el error vuelve.